El tesoro de Miguel Delibes

Miguel Delibes revela, a través de un conflicto entre dos comunidades llenas de pasiones fundamentales, los impulsos que a menudo hacen que se dejen de lado las cosas verdaderamente importantes, los auténticos tesoros por descubrir.

Un hombre que ara un campo descubre un tesoro celta que incluye pulseras, anillos y pendientes de oro y plata, todo ello contenido en un frasco. Resulta hermoso profundizar en nuestras raíces, como afirma uno de los jóvenes arqueólogos entusiastas que acuden al lugar para realizar excavaciones. Sin embargo, no todo resulta fácil ni emocionante, y el término «excavación» ya es sinónimo de conflicto debido a su asociación con el expolio. Los habitantes del pueblo, que observan y husmean, solo ven en los excavadores a hombres extraños que pretenden robar sus pertenencias, y surge así un cerco y una tensión peligrosa que puede estallar en cualquier momento.

En aquella zona de la empobrecida Castilla, hablar de ciencia o cultura no sirve de nada; solo cuentan las pasiones elementales. Por ello, Miguel Delibes otorga a cada personaje su auténtico valor y, además de subrayar el abandono de los campesinos, nos muestra a la gente del pueblo tal como es. Entre la codicia, la sospecha y, en ocasiones, el celo de la arrogante administración, no queda mucho espacio para un papel plausible para la sufrida arqueología.

Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) se dio a conocer como novelista con La sombra del ciprés es larga, Premio Nadal en 1947. Entre sus principales obras narrativas se encuentran Mi idolatrado hijo Sisí, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario, Guerras de nuestros antepasados, El disputado voto del señor Cayo, Los santos inocentes, Una mujer de rojo sobre fondo gris y El hereje. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1955.

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