La isla de Selkirk de Diana Souhami

Si nos preguntaran quién era Alejandro Selkirk, pocos de nosotros podríamos responder. En cambio, casi todos sabemos quién es Robinson Crusoe, el náufrago ficticio creado por el escritor británico Daniel Defoe hace trescientos años, inspirado precisamente en la turbulenta vida del marinero escocés que acabó dando nombre a la pequeña isla del Pacífico donde sus compañeros corsarios lo abandonaron en 1704 tras una amenaza de rebelión, y donde tuvo que vivir durante cuatro años.

Diana Souhami lleva al lector a las islas de Alejandro Selkirk y Robinson Crusoe, que forman parte del archipiélago Juan Fernández, en el Océano Pacífico oriental, a los 34º de latitud sur y a unos setecientos kilómetros de la costa de Chile. La vida de Selkirk, un hombre de familia humilde que terminó en el puerto de Londres, llena de bucaneros, sinvergüenzas y negocios sin escrúpulos, permite a Souhami emprender un maravilloso relato de los viajes piratas que cruzaron todos los mares a finales del siglo XVII en medio de guerras, rivalidades y rencillas de todo tipo.

El contraste entre ese ambiente canalla y la procesión natural de la isla Selkirk es el trasfondo en el que se escribe este pedacito de historia. Selkirk fue rescatado por un barco pirata y, de vuelta en Londres, su historia inspiró a Defoe a crear al personaje principal de su historia ficticia, Robinson Crusoe.

Sobre Diana Souhami, ella trabajó en una editorial hasta que se dio a conocer en Inglaterra, su país natal, gracias a sus obras de teatro para televisión y radio, algunas de las cuales fueron representadas en teatros de Londres, Edimburgo y Bristol. Ha publicado cuentos y reseñas de literatura y teatro en revistas como Nuevo Estadista. En 1988 publicó Gluck: una biografía, mientras recogía material para Gertrudis y Alicia (Lejos de ti).

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