Tiberio de

Gregorio Marañón traza el perfil de uno de los personajes históricos más temidos.

Durante siglos, la humanidad ha visto a Tiberio como un monstruo, comparable en maldad a figuras como Nerón o Calígula. Se le atribuye, además, una responsabilidad indirecta en la muerte de Cristo, al ser Pilato, el gobernador romano, quien permitió su crucifixión. Sin embargo, con el advenimiento del espíritu racional a finales del siglo XVIII, la percepción de Tiberio comenzó a cambiar, y Voltaire se contó entre sus primeros defensores.

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