Viejas historias de Castilla la Vieja de Miguel Delibes

Todo este libro sorprende un poco porque nadie conoce Castilla mejor que Delibes ni la describe con un lenguaje más puro y alejado de la retórica.

Existe una esencia propia del pueblo, al igual que la hay de la ciudad. En la ciudad, las cosas cambian rápidamente: los edificios altos, las luces y los automóviles que circulan sin cesar, que ocultan tras de sí la prisa que aturde a la multitud, la alegría -si existe- y la tristeza, si se detiene uno a reflexionar. Una ciudad tiene un peso tal que intimida. El pueblo, por su parte, permanece sumiso, sometido, y se va fundiendo cada vez más con el color de la tierra. ¿Que han transcurrido cuarenta y ocho años y regresas de América? ¿Y qué? En Castilla se cuentan los años por siglos, y allí te esperarán, inmutables, las casas, los árboles, los campos exhaustos, los ancianos, el arroyo que fluye entre los juncos y el polvo que lo acompaña, adherido a las paredes.

Miguel Delibes sabe amar y sufrir por su pueblo. En el primer relato de este libro, nos presenta el regreso de los emigrantes a su tierra natal, porque pertenecer a una comunidad es un don divino. En el cuento «La casa de la perdiz roja», habla de Barbas, un filósofo castellano escéptico y arraigado a la tierra que conoce sin ser consciente de ello, la gente y las perdices, y si no hay otra forma, le habla al autor. Los diálogos son claros y hermosos, y parecen haber sido traídos por el viento desde principios de siglo.

Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) se dio a conocer como novelista con «La sombra del ciprés es larga», Premio Nadal 1947. Entre sus principales obras narrativas se encuentran «Mi idolatrado hijo Sisí», «El camino», «Las ratas», «Cinco horas con Mario», «Guerras de nuestros antepasados», «El disputado voto de Cayo», «Los santos inocentes», «Una mujer de rojo sobre fondo gris» y «El hereje». Obtuvo el Premio Nacional de Literatura (1955).

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