Flores azules de Raymond Queneau

Fernando Aramburu destaca que Raymond Queneau es «un excelente cultivador del ingenio humano» y subraya que «hay un trasfondo claro, incluso paródico, en su obra que cuestiona la lógica general».

Por su parte, Pablo Martín Sánchez describe Flores azules como «una novela descaradamente divertida, que utiliza el humor en sus más diversas formas: negro y verde, lo absurdo y lo grotesco».

La historia se desarrolla en el París de los años 60 y sigue a Cidrolin, un personaje singular que vive en un barco amarrado en el Sena y pasa las tardes sin un rumbo fijo. Mientras duerme, sueña con las aventuras del duque de Auge, un caballero medieval que viaja a través del tiempo junto a un charlatán y un filósofo. La duda surge sobre quién está soñando realmente: ¿es el duque de Auge quien sueña con Cidrolin y el entorno de los hombres del siglo XX?

La novela nos introduce en un mundo a la vez divertido y épico, capaz de provocar tanto risa como reflexión. Mediante juegos de lenguaje, anacronismos y citas, Queneau crea una situación única en la que cuestiona el sentido de la historia, las ideologías y la propia escritura.

Queneau, reconocido por su imaginación y su estilo lúdico dentro de la literatura moderna, logra integrar varias lecturas en una sola obra: una novela de amor, un juego entre el sueño y la realidad, o una parodia de la novela histórica.

Sobre todo, Flores azules es una historia maravillosamente divertida, rica en estilo y referencias, que invita a ser leída repetidamente para descubrir los secretos ocultos en sus páginas.

Raymond Queneau nació en Le Havre el 21 de febrero de 1903 y falleció el 25 de octubre de 1976. Fue uno de los escritores más originales y singulares del siglo XX. Vinculado al grupo surrealista en los años veinte, su obra incluye títulos como Chiendent (1933), así como numerosos relatos y ensayos, entre los que se encuentran Un duro invierno (1939) y Mi amigo Pierrot (1942).

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